Me niego a envejecer
Aunque sé, que con suerte, algún día seré viejo.
Pero me niego a la incontinencia,
a los reveses de la memoria,
a las manos temblorosas,
a la marcha insegura,
al inseparable bastón y al perro,
como únicos compañeros,
Al hilo de baba que se escurra entre mis labios,
a fastidiar al prójimo con mis ronquidos,
a perder a mis amigos adorados,
a estar todo un día anclado en cualquier silla,
a ser un ente senil, postrado e impotente para
reír.
Quiero envejecer… pero amando y gozando.
Sintiendo el deleite de tu cuerpo en mis manos,
olfatearte al levantarte,
libando el néctar de la flor de tu frondoso pubis,
violando la frontera de tu imaginación,
viviendo para apetecerte.
Y poder recitarte los poemas que te fascinan,
asirte con manos fuertes y seguras de tu cintura,
caminar firme junto a ti,
y que la baba se me escape… pero solo por ti.
Disfrutar del sol con mis amigos cuando no estés
conmigo.
Solo quiero envejecer, pero contigo.
Solo para cuidarte,
para protegerte del frío y de las largas noches de
insomnio,
para alimentarte cuando ya no puedas hacerlo,
para besar tus manitas y amar tus arrugas,
para bañarte y dormirte,
para recordarte todo lo que la memoria y el tiempo
te roben.
Y si algún día me alcanza la parca,
entonces que sea junto a ti,
encima tuyo… o simplemente a tu lado.
Y que el último suspiro que escuche sea el tuyo,
por mí.
Entonces dirás:
“Mínima alma mía, tierna y distante,
juntos hemos de entrar a esas verdes praderas…
siempre, juntos, amor.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario